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:: Araceli Boraita: "El ejercicio no tiene por qué causar arritmias"

Dades d'aquesta noticia afegides : 2007-01-16



Araceli Boraita:

La fibrilación auricular es la única arritmia que es más común en deportistas que en la población general. Si se detecta otra variación en el ritmo no hay que considerarla benigna por darse el atletas.

Muchos médicos e incluso cardiólogos no están familiarizados con las variantes electrocardiográficas del corazón del atleta e incluyen todas las alteraciones de su ritmo cardiaco en el cajón de sastre del electro del deportista. "Este hecho causa que a veces no se realicen diagnósticos correctos. Hay que diferenciar bien un electrocardiograma de un deportista de uno patológico", ha afirmado Araceli Boraita, jefa del Servicio de Cardiología del Centro de Medicina del Deporte del Consejo Superior de Deportes (CSD). "El atleta que tiene una arritmia es porque tiene un sustrato que la causa. El ejercicio es sí no tiene por qué producir taquiarritmias. La única que es más común entre deportistas es la fibrilación auricular, sobre todo en atletas veteranos que han entrenado intensamente durante años. El resto tienen una prevalencia similar a las de la población general".

Boraita reconoce que el deporte de alta intensidad sí puede funcionar como disparador de los cambios en el ritmo cardiaco: "Si se realiza ejercicio por encima del segundo umbral metabólico, cuando el aporte de oxígeno a los músculos no se hace por vía aeróbica, se produce una descarga de catecolaminas, lo que favorece el inicio de las arritmias, aunque este hecho se da si existe un sustrato que las favorece".

El deporte también puede causar bradiarritmias por el aumento del tono vagal. "Se da en deportistas que entrenan intensamente, con gran volumen y durante largo tiempo, como fondistas o ciclistas de ruta. De todos modos, existen límites; una bradicardia de menos de 30 latidos no puede ser debida al deporte; hay que analizar la fisiología de ese atleta y ver si puede tener una disfunción de su nodo sinusal".

Antes las bradiarritmias se consideraban benignas, pero el fallecimiento de varios deportistas de muerte súbita por bradicardia han dado la voz de alarma. "Existe un porcentaje de fallecidos que han muerto sin aparente cardiopatía estructural. Todos estos casos han padecido una patología arrítmica".

La miocardiopatía hipertrófica es la principal causa de muerte súbita en las series americanas; en las europeas es la miocardiopatía arritmogénica. Detrás de éstas se encuentran las anomalías congénitas de las arterias coronarias, que no se suelen detectar con un electrocardiograma y es necesario realizar una ecocardiografía en la que se tienen que ver los troncos coronarios. "La tercera causa de muerte súbita es la dilatación de la raíz de la aorta, que es similar a la que se da en el Síndrome de Marfan. A los deportistas con Marfan se los detecta fácil por su fenotipo, pero hay morfologías marfanoides en deportistas altos, como jugadores de baloncesto o voleibol, a los que es recomendable realizar una ecocardiografía".

Para detectar todos estos problemas es muy importante realizar reconocimiento preparticipación, porque entre el 90 y el 94 por ciento de las muertes súbitas en relación con la actividad física son de origen cardiovascular. "Los menores de 30 años que realicen actividad física intensa deberían someterse a un reconocimiento cardiológico con exploración, electrocardiografica. Si es un atleta de alto nivel, a estas pruebas habría que unir una ecocardiografía. En mayores de 30 años la causa de muerte más frecuente es la cardiopatía isquémica, no por anomalía congénita, sino por aterosclerosis. En estos casos se debe realizar una prueba de esfuerzo, incluso en los atletas recreacionales que vayan a hacer ejercicio intenso, ya que éstos pueden haber acumulado factores de riesgo".

En el filo de la navaja
Los deportistas de élite deben llevar el cuerpo al límite de sus posibilidades para mejorar sus marcas deportivas. "Están forzando sus adaptaciones al máximo. Entrenan en el filo de la navaja para conseguir un rendimiento óptimo", afirma Araceli Boraita, jefa del Servicio de Cardiología del Centro de Medicina del Deporte del Consejo Superior de Deportes. "Si el atleta se sobreentrena corre el riesgo de entrar en un estado de fatiga cardiaca que se caracteriza por una disfunción ventricular, tanto diastólica como sistólica, y una disminución de la contractilidad, que puede ser transitoria o permanente y que cursa con fracciones de eyección globales muy deprimidas e incluso con arritmias. Este estado puede ser detectado por el entrenador o por el médico del deporte por una bajada de rendimiento acusada sin una razón clara".

El sobreentrenamiento puede causar, además, una variación del perfil lipídico del atleta: "Estudios recientes han mostrado que una ejercitación excesiva causaba un aumento de la lipoproteína A y de la apoproteína B. Todos estos problemas pueden remitir con reposo relativo".



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